Ronroneando y pidiendo comida...
Así que le di un puñadito de pienso que, secretamente, guarda Chema debajo de la pica, echando de menos a mi gato volador y lamentando no tener una vida muy ordenada como para poder tener uno propio.
Hice las compras y devolví el coche. Y ahí estaba de nuevo...
Ronroneando y pidiendo comida...
Y así de gordo está...

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